Hace medio siglo las mujeres estaban ligadas a los hogares de una manera mucho más fuerte que en la actualidad, para bien o para mal. Para bien significa que su presencia en la casa era fundamental y sin ella (la mama) la familia era muy dificil que saliera adelante, no sólo por lo que atañe al aspecto afectivo sino por el trabajo que era capaz de desempeñar. En principio sus lugares "naturales" eran la cocina y la lavandería (ya fuera en su propio domicilio, en el lavadero del pueblo o en el río más cercano que hubiera por allí), de cuyos dominios apenas se alejaba aunque también les tocaba ayudar en otras faenas más propias de los hombres en sus ratos libres, sobre todo en los pueblos y aldeas (en las ciudades solían realizar alguna labor relacionada con la limpieza, manufactura textil o ayudando a confeccionar productos alimenticios). Había pocas mujeres aun con carreras universitarias y oficialías. El sitio más característico para las mujeres era la cocina que era donde pasaban la mayor parte del tiempo y esto era así debido a que, como no había neveras, conservas prefabricadas, ni los adelantos de hoy en día, tenían que dedicarse ellas (aparte de la atención de los críos) a las labores de confección de conservas caseras (tomatadas, mermeladas, judias verdes, olivas, adobos, etc.), triar lentejas (quitar las piedrecitas que quedaban en ellas), pelar panochas de maíz, extraer pipas y secarlas, preparar productos de repostería (mantecados, magdalenas, flanes, etc.), salar carnes y pescados, fabricar chorizos, salchichas, longanizas, morcillas o butifarras con las embutidoras, etc. Ciertamente las mujeres de entonces eran como mulas que podían con todo y no paraban de hacer labores durante todo el día. El lavadero era su otro lugar natural y así, durante el invierno, cuando hacía buen día, se íban a lavar ropa sin guantes con el agua bien fría que bajaba de los montes helados y luego al tenderero. Mientras, los hombres gozaban de un mayor tiempo de relax que solían emplear para alternar en alguna cantina de la zona de residencia. Para mal significa que, a pesar de ser tan indispensables (y sumisas) en el hogar, eran muy mal tratadas en líneas generales por los maridos y objeto de algún que otro guantazo o reprimenda de vez en cuando. Por extraño que pueda parecer ahora, eso no era mal visto entonces, es decir; que un esposo abroncase, castigase o diera unos azotes a su mujer era algo casi cotidiano, normal y daba, si acaso, mala fama a la esposa a la que se solía catalogar como problemática y subceptible de recibir unos cuantos y merecidos "correazos". Hubo mujeres que hubieron de aguantar a auténticos dementes, beodos empedernidos, maltratadores compulsivos, tiranos sin devoción familiar, que hasta eran respetados por su rudeza y "don de mando" en el hogar patriarcal. Por supuesto que los hijos también estaban expuestos a las iras de aquellos seres depravados carentes de amor y respeto hacia los suyos. Fueron muchas las mujeres que quedaron en el camino sin saberse a ciencia cierta porqué fenecieron. En la época de la posguerra esto fue especialmente grave debido a que se había extendido en la sociedad española el autoritarismo de tipo jerárquico más exacerbado y eso lo pagaron los seres más indefensos de la sociedad.
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domingo 14 de febrero de 2010
SOCIEDAD DE PORGUERRA (MUJERES) (VII)
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Es de resaltar también el abuso a que estaban sometidas las hijas en contraposición a los hijos (a excepción del primogénito), quienes apenas tenían obligaciones en la casa. Ellas debían de ayudar en el hogar una vez acabada su jornada laboral o de estudios en donde se les indicase, sin rechistar (¡pobre de ellas!). Al mínimo desliz o tardanza recibían un castigo y por eso andaban buscando marido con desespero; para largarse de la casa de sus padres y hallar un poco más de libertad y evadir los correazos y las reprimendas.
ResponderSuprimirMe alegro de que alguien saque a la luz estos temas. Yo pasé por todo eso; castigos, reprimendas, azotes, etc., y les puedo decir que el trato tan distinto que recibían mis hermanos (3) con respecto a nosotras (2) era muy injusto e incomprensible para nosotras, pero además es que nuestros hermanos nos trataban con mucho menosprecio y actuaban también como controladores de todo lo que haciamoc o deciamos por ahí instigados por nuestros padres. Nos sentíamos como si fueramos una m.
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