
La correspondencia, durante la posguerra, fue la herramienta principal a través de la cual la gente común pudo ponerse en contacto con sus parientes y amigos. La otra posibilidad que había era el teléfono público, pero para poder utilizarlo se debía de acudir a las centralitas en donde las operadoras se encargaban de contactar con la oficina telefónica de destino, donde se supone que aguardaba su turno la persona con la que se intentaba dialogar. Apenas había teléfonos particulares y por eso se tenía que acudir a esos lugares para poder hablar vis a vis, cuyos establecimientos eran incómodos, las tarifas caras y, además, carecían de intimidad. Todo ello hacía que el teléfono no fuera elegido salvo para casos muy extraordinarios, ya que, encima, había que preparar la llamada con mucha antelación por correo y quedar a una hora y día determinado, con la incertidumbre que se creaba a la hora de poder estar en el momento señalado en el lugar fijado por ambas partes; vamos, un auténtico dilema.
En una sociedad que había padecido tantas bajas y desapariciones la correspondencia se convirtió también en el mecanismo principal a través del cual se pudieron realizar las busquedas de familiares, amigos y allegados. Entre los otros medios de comunicación la radio podía permitir algún tipo de búsqueda, al igual que los escasos diarios, pero solo podían ser usados según porqué tipo de personas (muy vinculadas al Régimen) y estaban (como todo) muy contolados y cesurados. La sociedad de posguerra anduvo muy incomunicada por este motivo durante largos años y se hubieron de idear nuevos motores de relación y búsqueda que permitieran ampliar esa faceta de aquel mundo, debiendo superar el "cinturón de castidad" que representaba la censura de la jerarquía establecida. Un ejemplo de ello fue el semanario "El caso" que dedicaba su actividad a los reportajes de índole criminal y que, además, incluía en sus páginas un espacio de "búsqueda de parientes" que tuvo mucho gancho a nivel popular.
El correo de entonces era transportado básicamente por tren, aunque el servicio lo complementaban los vehículos especiales y el personal especializado de Correos. Este servicio era tremendamente lento y conviene repasar su secuencia para poder llegar a entender el grado de incomunicación que entonces existía en aquella sociedad.
1) Las carta se echaban en un único buzón en el que se incluía todo el volumen de correspondencia en una sola saca desordenada.
2)La recogida del correo de los buzones dependía del lugar donde se residiera. En las grandes ciudades podía ser diaria, aunque en todos los sitios no era igual y en ello influía la cantidad que cada demarcación solía observar.Mientras,en los pueblos pequeños y aldeas podía darse el caso de que incluso no hubiese servicio y sus habitantes debían entonces de ingeniárselas para transportarlo hasta la estafeta más cercana como pudieran.
3) Una vez trasladado hasta la oficina principal (cabecera provincial), el correo debía de ser seleccionado por provincias, las casacas que pertenecían a las nacionales se llevaban hasta la estación y allí esperaban al tren-correo si pasaba por esa línea (si no, habían de llevarlo hasta el "empalme" por donde pasase). Este tren solía ser de largo recorrido y lentísimo, puesto que debía de parar en todas las estaciones y apeaderos del recorrido, descargar y cargar la mercadería postal (un viaje entre Sevilla y Barcelona podía tardar unas 24 horas más o menos).
4) La correspondencia interprovincial debía de soportar otra nueva selección en la oficina central a la que llegara y luego aun podía padecer otra más en la ciudad o pueblo de destino.
Ahora veamos una secuencia hipotética práctica:
Supongamos que una persona de Tordesillas (Valladolid) deseara ponerse en contacto con un familiar que se había ido a vivir hasta Besalú (Girona), la secuencia podía ser la siguiente;
A) Suponiendo que la recogida en su ciudad de origen se realizara los martes, jueves y sábados (entonces laborables), debería de echar la carta el lunes (día 1).
B) El martes se llevaría a cabo la recogida, traslado y selección (día 2), el miércoles se transportaría hasta la oficina de Valladolid y allí quedaría a la espera (3).
C) El jueves o viernes sería elegida esa casaca para su clasificación y, con suerte, podía salir el sábado hacia el destino (6).
D) Los trenes-correo principales no pasaban por todas las ciudades de España, así que hay que contar el traslado hacia un "empalme" (Venta de Baños) donde esperarían hasta el lunes (7) por la noche, que es cuando cuando ingresarían en el tren-correo procedente de Galicia, llegando a la ciudad condal el martes al mediodía.
E) En BCN la casaca debía de pasar otra revisión entre el mismo martes y el miércoles, que es cuando se trasladaría a Girona, donde volvería a ser revisada el jueves (10).
F) El viernes saldría hacia Besalú donde se clasificaría por calles entre ese día y el sábado (12). Con suerte, el destinatario recibiría la carta el mismo sábado, sin suerte, el lunes (14).
G) En el caso que hubiera que partir desde Besalú hacia una aldea o pueblo de menor relevancia, habría que añadir varios días más (cuando tocara pasar por allí) a la secuencia.
En total las cartas podían tardar entre una semana las provinciales, dos semanas las nacionales y cerca de tres las que íban hacia los pueblos y aldeas más alejados e innaccesibles.
Interesante relato, sigue describiendo la época.
ResponderSuprimirMi madre dice que los trenes correo tardaban en esa época aun más de lo que cuentan aquí. Dice que el correo entre Sevilla y Barna. podía tardar no menos de 36 horas. De todas formas su blog es interesante y ameno.
ResponderSuprimirTambien podía ocurrir que la carta no llegara nunca a su destino ya que había gente que estaba muy controlaba y les leían las cartas.
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