
El final de las guerras europeas dejó como herencia un legado de separación clasista donde el dolor, la frustración, el odio mutuo o el rencor fueron sentimientos que tardaron mucho tiempo en ser superados. La sociedad de posguerra quedó traumatizada en un grado muy elevado y, en principio, la venganza fue la tónica dominante de aquellos tiempos plenos de sufrimiento, miseria y escarnio. La "normalidad" social tardó mucho en alcanzar un nivel que pudiera considerarse como tal y, naturalmente, solo lo fue para algunos; los que acabaron la guerra en el bando de los vencedores.
En España tuvieron que pasar prácticamente dos décadas hasta que ambos bandos fueron empezando a "soldarse" en un único pueblo, aunque eso en realidad no llegó nunca a producirse del todo y, por supuesto, los vencedores y sus descendientes conservaron sus privilegios en detrimento de los vencidos, los cuales (ellos y sus hijos)eran considerados como ciudadanos de 2ª ó 3ª clase.
El grado de maltrato de los unos hacia los otros viene dado por el convencimiento y entrega a los ideales que se preconizaban desde el Movimiento. Indudablemente, esos grados existían y así había quien cumplía los dictámenes pertinentes sin demostrar mucho énfasis en ello y había quien iba mucho más allá de lo que se les exigía, añadiendo sus propias "aportaciones" que, generalmente, guardaban recónditos retazos de locura debido a las terribles experiencias por las que hubieron de pasar en años anteriores. La gente que pudiéramos llamar "simple" fueron ocupando sencillas plazas en la sociedad otra vez, casándose, creando familias, trabajando, etc., mientras los más sulfúricos persistían en sus barbaridades a pesar de que también se casaran, tuvieran hijos y trabajaran.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada