ESTRADO POPULAR GLOBAL

Este blog está dedicado a todas las personas que padecieron violencia doméstica durante la postguerra española del siglo pasado. Funciona con un ORADOR PRINCIPAL, que se encarga de ilustrar el caso exponiendo datos que tienen relación con el suceso en cuestión. Su única misión es la de informar. Una segunda voz es la del INVESTIGADOR, figura que se encarga de indagar y buscar la verdad sin importar el lado en que se halle. Finalmente está el JURADO POPULAR, que son los ciudadanos de todo el mundo que deseen dar su veredicto u opinión cuando se les solicite. Lógicamente, sus decisiones cerecen de peso específico y solo sirven para manifestar el sentimiento popular al respecto.
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El verdugo de Valladolid

domingo 21 de marzo de 2010

LOS PROTAGONISTAS (LA FAMILIA IMPLICADA) (EL PADRE )

En el año 1948, en plena crisis de posguerra, cuando el hambre y la precariedad apretaban a la mayoría de españoles, Samuel y Jesusina decidieron casarse tras un rápido y fugaz noviazgo de tres meses. No se conocían de la adolescencia ni tenían ningún vínculo que los relacionara por algún motivo concreto, tan solo se sabe que él, de 29 años de edad, héroe de guerra reconocido por todos y admirado como tal, parece que deslumbró a su amada durante el transcurso de las fiestas del pueblo de ella, que era 11 años más joven, entableciéndose una relación afectiva que acabó pronto en boda pese a las advertencias de recelo de la familia de Jesusina. Él era nativo de un rico pueblo muy cercano a la capital, dónde había tierras fértiles con abundante agua de acequia y ganado porcino y vacuno, y ella era de la vetusta ciudad de Tordesillas, a orillas del río Duero, lugar insigne y excelente en la Castilla más añeja y recia.
           Samuel era el primogénito de una familia que tenía un ligero aspecto murube; tez oscura, pelo muy muy rizado (casi como los negros africanos), baja estatura y modos embrutecidos y extrañamente orgullosos. Sin embargo su familia disponía de gran cantidad de tierras de regadío, muy fértiles y prósperas, de las que eran propietarios por heredad y estaban considerados con alta estima y respeto por todo el vecindario de la comarca. Al ser el hijo mayor le tocó arramblar con la más fea, debiendo de adquirir una responsabilidad acorde con su posición en el escalafón familiar, como era costumbre en todas las familias desde tiempos ha. Tenía otros 5 hermanos y 5 hermanas, pero al ser las tres siguientes a él féminas sus padres le delegaron las tareas más gravosas del campo, entre las que estaban las plantaciones, las recolecciones y siegas y, sobre todo, el turno de riegos; tarea insufrible para cualquier mozo. Sabido es que las horas de los riegos son adjudicadas desde los Ayuntamientos de los pueblos y aldeas y que generalmente se realizan de noche por motivos obvios que tienen que ver con la luz solar, así que hay que ir a regar a la hora que le marquen a uno, que suele ser durante la madrugada, un día sí y otro también (depende de la cantidad de campos de que se disponga y lo separados que estén los unos de los otros), debiendo de soportar todo tipo de calamidades por cumplir con la obligación (sueño, frío, caminatas largas, acompañados quizás de una mula o de una destartalada bicicleta). Samuel fue el más perjudicado en el reparto de las suertes a la hora de ayudar en casa en lo que cupiera ya que a las mujeres no les corresponde ir por ahí solas y menos siendo jóvenes y lozanas. A ellas se las solía reservar más para las muchas labores que se habían de hacer en el hogar paterno, incluida la limpieza y atención del ganado, porcino y vacuno, debiendo ordeñar a las vacas, limpiar los establos, confeccionar chorizos, longanizas, adobos, morcillas, etc., tras una matanza, embotellar tomate, confituras, pisar uva para hacer vino, etc., etc. También ayudaban en la recolección durante el día, una vida muy sacrificada para todos ellos, especialmente para Samuel, que era el único varón disponible (los demás hermanos eran todos menores y no estaban en edad apta para el trabajo todavía). Quizás fue este tipo de vida lo que hizo que se aficionara a la bebida desde muy joven, para tratar de paliar los pavorosos fríos nocturnos y el tedio que produce el trabajo en soledad ya sea de día o de noche. Se acostumbró a ir acompañado de una pequeña garrafa de la cual no se separaba jamás, incluso cuando realizaba otro tipo de actividad no vinculada al trabajo (un viaje, una visita a un familiar, etc.), la gente le conocía como "el hombre del garrafín".
             Cuando estalló la guerra, Samuel no tardó mucho en alistarse en el Ejército, seguramente lo hizo porque halló la oportunidad de escabullirse de su indeseado destino en los duros campos de Castilla, aunque también es posible que le tiraran los colores y maneras de los Nacionales, quienes dominaban aplastantemente en aquella zona a través de políticos y militares tan famosos como por ejemplo Onésimo Redondo. Como quiera que sea, lo cierto es que con apenas 19 años entró a formar parte del Ejército Nacional que lo convenció para que se alistase en la temida Legión. Samuel participó activamente en las batallas del Ebro (Teruel, Belchite, Gandesa, etc.), donde tuvo un notable protagonismo por lo que le concedieron la Cruz de Hierro (máxima distinción militar en tiempos de guerra) y le ascendieron a cabo primera de la Legión, un grado equivalente al de sargento de los Regulares. Una vez acabada la guerra fue aceptado en la Academia Militar de Zaragoza donde comenzó a estudiar para poder acceder a la oficialía, sin embargo hubo de incorporarse en la División Azul cuando Franco se comprometió con Hitler en el envio de algunas tropas para ayudarles en el frente ruso. Probablemente allí se le difuminaron las ansias militaristas y aunque consiguió volver vivo (herido y abatido), no quiso ya continuar por la senda castrense apabullado y humillado por la derrota sufrida y decidió retornar al hogar familiar esperando que su suerte fuese ahora distinta. Para entonces ya era una persona especialmente traumatizada, sobre todo por las crueles experiencias que hubo de vivir en las lejanas y gélidas tierras soviéticas. ¿Cuánta gente tuvo que matar para sobrevivir?, ¿cuántos cadáveres de enemigos y compañeros se cruzaron en su camino o quedaron junto a él mutilados y descompuestos?, ¿cuánta violencia, dolor y horror hubo de soportar?. Y para colmo tuvo que volver a toda prisa con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas (al contrario que en la guerra española), en un detestable buque infestado de ratas y piojos y sin apenas nada que llevarse a la boca; ¿héroe?, ¿de qué?.
            Cuando Samuel regresó a su tierra y curó de sus heridas tenía 26 años, por entonces tenía otros dos hermanos que podían ayudar en las tareas del campo, sin embargo él continuaba siendo el primogénito y eso le seguía colocando en mal lugar a la hora de repartir las suertes en la distribuición del trabajo, así que, aprovechando su buena posición a ojos de la jerarquía gobernante que lo valoraban en un grado elevado, obtuvo un puesto como ferroviario en la Renfe que entonces era considerado como un trabajo para afortunados (trabajar para el Estado siempre ha sido igual). Lo que no quería era seguir en el campo y poder disponer de más tiempo libre para hacer su vida.
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